Cómo anticipar una situación violenta antes de que ocurra: señales no verbales que alertan al cuerpo

En contextos de riesgo, la anticipación es clave. Pero, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo reacciona nuestro cuerpo antes de que la mente lo registre? Este artículo explora las señales no verbales que emergen en situaciones de tensión y que nos permiten anticipar comportamientos agresivos. A través del análisis de posturas, distancias y cambios sutiles en el comportamiento corporal, descubrimos cómo el cuerpo entra en estado de alerta, y cómo esa lectura —cuando es entrenada— puede marcar la diferencia entre reaccionar a tiempo o llegar tarde. Una guía práctica para entender y potenciar nuestra percepción en escenarios críticos.

Julio Pereiro

10/14/2025

Introducción: El cuerpo primero

Hay una frase que circula en el ámbito de la seguridad personal: el cuerpo siempre lo sabe antes. Antes de que algo ocurra —antes del empujón, del insulto, del golpe—, el cuerpo ya lo intuye. Pero no se trata de intuición mágica ni de instinto salvaje. Se trata de una percepción entrenada, de una lectura fina de señales no verbales que se activan en contextos potencialmente amenazantes.

En este artículo vamos a explorar cómo se anticipa la violencia desde el cuerpo. Porque aunque muchas veces se habla de "prevención" como algo mental o estratégico, lo cierto es que la primera alarma no suena en la cabeza, sino en la postura, en la tensión muscular, en el ritmo de la respiración. Y esa alarma —cuando se reconoce a tiempo— puede protegernos.

Ningún acto violento ocurre de forma completamente inesperada. Incluso en las situaciones que consideramos "sorpresivas", hay señales previas que el cuerpo del agresor (y también el de la víctima) emite.

Señales que preceden al conflicto

Cambios posturales: Cuando el cuerpo se prepara para actuar físicamente, cambia. Aumenta la tensión en los hombros y el cuello, se ajusta el peso del cuerpo hacia las piernas (preparación para el movimiento), y se cierran los puños o se ocultan las manos. Todo esto son microajustes previos a la acción que, si se observan con atención, permiten anticipar una posible agresión.

Señales de fuga o contención: A veces, el conflicto no es inminente, pero sí latente. Y el cuerpo lo delata. Las personas que están conteniendo su rabia o su miedo emiten señales claras: rigidez excesiva, mandíbula apretada, movimientos repetitivos como frotarse las manos, cruzar y descruzar los brazos, mirar constantemente hacia la salida. Estos indicios son especialmente importantes en contextos de intervención o mediación.

El cuerpo en modo alerta: lo que cambia sin que lo notemos

Cuando percibimos una amenaza, el cuerpo reacciona incluso antes de que podamos formular un pensamiento coherente al respecto. Este proceso, conocido como respuesta de orientación, es una activación neurofisiológica que prepara al organismo para enfrentar un posible peligro.

Activación muscular: Sin darnos cuenta, comenzamos a tensar ciertas zonas del cuerpo: las piernas, los hombros, el abdomen. Este estado de alerta se traduce en un cambio en la postura general. Observadores entrenados pueden reconocer cuándo una persona "entra en guardia", incluso si no adopta una postura defensiva explícita.

Cambios en la mirada: La dirección de la mirada, la fijación visual, la frecuencia de parpadeo y el enfoque periférico son indicadores de atención y tensión. Por ejemplo, una mirada fija y sostenida puede ser desafiante o intimidatoria, mientras que los cambios rápidos de foco (de un lado a otro del entorno) indican vigilancia activa.

Anticipar no es adivinar: entrenar la percepción

Hablar de "anticipar la violencia" puede sonar pretencioso o incluso fantasioso. Pero no se trata de predecir el futuro: se trata de reconocer patrones no verbales que, combinados con el contexto, permiten tomar decisiones más informadas.

Esto no se logra simplemente con teoría. Es necesario entrenar la observación y afinar la lectura del comportamiento no verbal en situaciones reales o simuladas. Por ejemplo, en ciertos entrenamientos físicos se enseña a detectar cambios mínimos en el cuerpo del oponente antes de que inicie una acción. No es magia, es práctica.

En contextos civiles, esta habilidad puede aplicarse en múltiples entornos:

  • Personal de seguridad o prevención de conflictos.

  • Equipos de atención al público ante clientes agresivos.

  • Personas que transitan espacios públicos en horarios de riesgo.

Distancia y territorio: Una de las señales más claras de tensión es la invasión del espacio personal. Cuando alguien acorta distancias de forma abrupta o innecesaria, suele haber una intención detrás. Esto no significa que toda aproximación sea agresiva, pero sí que el cambio de distancia debe ser leído en su contexto: velocidad, trayectoria, rigidez corporal, contacto visual.

Microgestos y respiración: El ritmo de la respiración también se modifica: se vuelve más rápida o más superficial. Esto, junto con gestos automáticos como tragar saliva, mover la lengua dentro de la boca, o tensar la cara, delatan que el cuerpo ha detectado una situación fuera de lo habitual.

El cuerpo como radar

Nuestra percepción no verbal es un recurso natural, pero muchas veces desatendido. Cuando lo entrenamos —cuando entendemos qué mirar, qué escuchar, qué sentir— se convierte en una herramienta poderosa de prevención.

El cuerpo entra en estado de alerta mucho antes de que lo sepamos. Y si aprendemos a escucharlo, si le prestamos atención a lo que ve, a lo que siente, a lo que detecta antes que la razón, podemos estar un paso adelante. No se trata de vivir con miedo, sino de vivir con atención.

Fuentes consultadas

Johnson, R. (2015). Perceptions of interpersonal social cues predictive of violence among police officers who have been assaulted. Journal of Police and Criminal Psychology, 30, pp. 87-93.

Pereiro, J. (2021). La percepción del comportamiento delictivo agresivo. Aportes desde la comunicación no verbal. Question,3,(70).

Lo interesante es que muchas de estas señales también son percibidas a nivel inconsciente: algo nos incomoda, aunque no sepamos bien qué. Ese "algo" suele ser un conjunto de estos signos no verbales. Por eso, aprender a reconocerlos conscientemente amplía nuestra capacidad de respuesta.

Lo más importante de todo esto es entender que el cuerpo no miente, y que las señales que emite en estado de alerta tienen valor preventivo. Cuando logramos sincronizar nuestra percepción con estos cambios, ganamos tiempo. Y en escenarios de riesgo, el tiempo lo es todo.

Pero incluso fuera de esos marcos profesionales, toda persona se beneficia al entrenar su percepción no verbal. Porque anticipar un conflicto no significa intervenir ni enfrentarse: muchas veces, basta con reconocerlo a tiempo para tomar distancia, pedir ayuda o evitar quedar en el lugar equivocado.

Koller, C.,Wetter, O. yHofer, F. (2015). What is suspicious when trying to be inconspicuous? Criminal intentions inferred from nonverbal behavioral cues. Perception, 44(6), pp. 679-708.