Por qué el entrenamiento en comunicación no verbal es clave para las fuerzas de seguridad del siglo XXI
Cuando se habla de modernización de las fuerzas de seguridad, muchas veces el foco se coloca en la tecnología, la logística o las tácticas operativas. Sin embargo, uno de los desafíos menos atendidos es formar agentes capaces de observar el comportamiento humano con precisión, sensibilidad y criterio. En un contexto donde las situaciones de violencia, conflicto e incertidumbre exigen respuestas cada vez más profesionales, aprender a reconocer e interpretar la información no verbal constituye una competencia de valor operativo. La comunicación no verbal forma parte de prácticamente toda interacción profesional y puede aportar información relevante cuando se la analiza junto con las palabras y el contexto. El entrenamiento no consiste en aprender recetas para descifrar personas, sino en desarrollar una observación más atenta, sistemática y contextualizada que permita reconocer cambios, analizar patrones y mejorar la toma de decisiones.
Julio Pereiro
9/11/2026


Más allá de las palabras: observar para prevenir
Las situaciones de riesgo no siempre aparecen de manera repentina. En numerosas ocasiones existen cambios observables en el comportamiento que pueden resultar relevantes para quien sabe reconocerlos: modificaciones en la postura o el desplazamiento, variaciones en la distancia interpersonal, cambios en la actividad motora, alteraciones en la voz, expresiones de tensión o transformaciones en la manera de interactuar con otras personas.
Ninguno de estos comportamientos, tomado de manera aislada, permite establecer por sí mismo qué está pensando, sintiendo o intentando hacer una persona. Su valor aparece cuando se los observa como parte de una situación más amplia.
Esta diferencia es fundamental. Entrenar en comunicación no verbal no significa enseñar a identificar automáticamente a una persona peligrosa, descubrir quién miente o determinar las intenciones de alguien a partir de un gesto. Significa desarrollar mejores capacidades de observación para advertir aquello que cambia, aquello que se repite, aquello que resulta incongruente o aquello que adquiere relevancia cuando se lo considera en relación con el contexto.
Observar mejor para intervenir mejor
Para un profesional de la seguridad, esa capacidad puede ser especialmente valiosa. Una modificación repentina en la conducta, un cambio en la dinámica de un grupo, una aproximación inesperada o una alteración en la interacción entre dos personas pueden aportar información adicional para evaluar una situación que todavía se encuentra en desarrollo. La comunicación no verbal, entonces, no reemplaza la información verbal ni otros procedimientos de evaluación. Los complementa. Y esa diferencia puede ser determinante.
En una situación de tensión, un agente no comunica únicamente mediante aquello que dice. Su postura, distancia, orientación corporal, tono de voz, velocidad de sus movimientos, expresión facial y manera de aproximarse también forman parte de la interacción.


No se trata de convertir al agente en un actor que controle artificialmente cada uno de sus movimientos. Se trata de desarrollar conciencia sobre la propia presencia y comprender que, en una interacción profesional, también somos parte de aquello que estamos observando.
Confianza ciudadana y legitimidad: otro beneficio fundamental
La comunicación no verbal también tiene una incidencia directa en la relación entre las fuerzas de seguridad y la ciudadanía.


Uno de los principales problemas de la observación no verbal es que todos observamos, pero no necesariamente observamos bien.
Esta distinción no reduce la utilidad de la comunicación no verbal. La vuelve más precisa. Una observación profesional permite formular mejores preguntas, prestar atención a determinados cambios y considerar información que podría pasar inadvertida. También permite evitar conclusiones apresuradas que pueden afectar negativamente una intervención. El objetivo no es eliminar la interpretación. Es mejorarla.
Fuentes consultadas
DePaulo, B. M., et al. (2003). “Cues to deception”. Psychological Bulletin, 129(1), 74–118.
Pereiro, J. (2022). Comunicación no verbal y seguridad: estado del arte. Hologramática, (36-Año XIX), 25-25.
El agente del siglo XXI no necesita solamente conocimientos técnicos, procedimientos operativos y herramientas tecnológicas. Necesita también comprender mejor las dinámicas humanas presentes en cada intervención.
Necesita saber observar.
Necesita distinguir entre una conducta y la interpretación que realiza sobre ella.
Necesita reconocer cambios y patrones sin convertirlos automáticamente en diagnósticos.
Necesita comprender cómo su propio comportamiento modifica la interacción.
Y necesita integrar toda esa información con las palabras, el contexto, los antecedentes y las demás evidencias disponibles.
Tyler, T., & Fischer, C. (2014, March). Legitimacy and procedural justice: A new element of police leadership. In Police Executive Research Forum (Vol. 35).
El valor de la comunicación no verbal no termina en la observación de terceros. También involucra al propio profesional.
Esto significa que una misma intervención verbal puede producir respuestas diferentes dependiendo de cómo sea acompañada por el comportamiento no verbal.
Una indicación firme puede ser percibida como clara y profesional o como innecesariamente hostil. Una aproximación destinada a brindar asistencia puede generar confianza o aumentar la tensión. Una postura determinada puede transmitir seguridad o ser interpretada como una actitud intimidante. El entrenamiento permite trabajar sobre estas variables de manera consciente.
Esta dimensión resulta particularmente importante en situaciones de conflicto, controles, entrevistas, intervenciones preventivas y cualquier escenario en el que la cooperación de las personas pueda facilitar la tarea de seguridad.
En una interacción con un agente, las personas no reciben únicamente información verbal. También observan cómo se aproxima, qué distancia mantiene, cómo mira, cómo utiliza su voz, cómo responde ante una situación de tensión y qué actitud general transmite.
En contextos donde existe temor, desconfianza o tensión previa, estos elementos pueden adquirir todavía mayor importancia.
Una mirada sostenida puede ser interpretada de maneras diferentes según la situación. Una determinada proximidad puede resultar apropiada en un contexto y amenazante en otro. Un tono de voz firme puede contribuir a ordenar una situación o, si se combina con otros comportamientos, incrementar innecesariamente la tensión.
Un profesional capaz de transmitir autoridad sin recurrir innecesariamente a la intimidación, de sostener una presencia segura sin aumentar la tensión y de adaptar su comportamiento a las características de cada situación cuenta con una herramienta adicional para intervenir de manera eficaz.
La legitimidad institucional también se construye en esos pequeños intercambios cotidianos. ¿Qué imagen deja un agente después de un control de rutina? ¿Cómo se siente una persona después de solicitar asistencia? ¿Qué sucede durante los primeros segundos de una intervención? Son preguntas que exceden lo estrictamente verbal.
De la intuición a la observación profesional
Las personas interpretamos permanentemente el comportamiento de quienes nos rodean. El problema aparece cuando confundimos una impresión con un hecho, atribuimos intenciones sin suficiente información o transformamos un comportamiento aislado en una conclusión sobre la persona.
En seguridad, este problema adquiere una relevancia particular. El entrenamiento profesional debe ayudar a diferenciar lo que efectivamente se observa de aquello que se interpreta. No es lo mismo registrar que una persona reduce repentinamente la distancia con otra que concluir que pretende agredirla. No es lo mismo observar cambios en la voz que afirmar que alguien está mintiendo. No es lo mismo advertir inquietud motora que atribuirla automáticamente a una conducta sospechosa.
Pese a la importancia de estas competencias, la comunicación no verbal continúa teniendo una presencia limitada o fragmentaria en muchos espacios de formación vinculados con la seguridad. Cuando aparece, puede quedar reducida a contenidos aislados, recomendaciones generales o talleres sin continuidad.
Hacia una formación integral
El problema no es solamente cuánto contenido se transmite, sino cómo se entrena. La observación no se desarrolla simplemente memorizando listas de gestos. Requiere práctica, análisis y retroalimentación. Es necesario trabajar con situaciones concretas, observar comportamientos en diferentes contextos, comparar interpretaciones, identificar errores y aprender a fundamentar las propias observaciones.
El propósito no es formar especialistas capaces de “leer” personas en segundos. Es formar profesionales que observen mejor, interpreten con mayor criterio y sepan utilizar esa información dentro de una evaluación más amplia de la situación.
Por eso, una capacitación de calidad debería combinar conceptos con ejercicios prácticos: análisis de casos, observación de videos, situaciones simuladas, ejercicios de descripción conductual y actividades orientadas tanto a la observación de terceros como al propio comportamiento profesional.
Ese cambio de perspectiva es fundamental. Una competencia transversal para la seguridad del siglo XXI. Las fuerzas de seguridad trabajan permanentemente con personas y, por lo tanto, con comportamientos.
Antes de una intervención, durante un control, en una entrevista, frente a una situación de conflicto, en una tarea preventiva o en el monitoreo de imágenes, el profesional necesita observar, interpretar y decidir.
La comunicación no verbal atraviesa todas esas instancias. Su utilidad no reside en proporcionar respuestas automáticas, sino en ampliar la cantidad y calidad de información disponible para quien debe tomar una decisión. Una mirada entrenada puede advertir cambios que antes pasaban inadvertidos. Una mejor comprensión del comportamiento propio puede evitar que una intervención genere tensión innecesaria. Una observación contextualizada puede aportar elementos relevantes para comprender una situación que todavía no se encuentra completamente definida.
En seguridad, donde muchas decisiones deben tomarse con información incompleta y en períodos muy breves, mejorar la calidad de la observación también significa mejorar las condiciones en las que se toman esas decisiones.
Por eso, hablar de modernización de las fuerzas de seguridad no debería significar únicamente incorporar nuevas tecnologías o actualizar procedimientos. También implica desarrollar las capacidades humanas que permiten utilizar mejor esas herramientas y actuar de manera más profesional frente a situaciones complejas.
El entrenamiento que transforma la observación en una competencia profesional
Ese es el verdadero potencial del entrenamiento en comunicación no verbal. No se trata de aprender un catálogo de gestos ni de adquirir una supuesta capacidad para descubrir lo que otros intentan ocultar. Se trata de desarrollar una competencia perceptiva que permita



