¿Se puede anticipar una situación violenta? Lo que realmente puede aportar la CNV
En situaciones potencialmente conflictivas, unos segundos pueden ser importantes. Pero anticipar no significa saber de antemano que una persona será violenta ni reconocer un supuesto "gesto de agresión". Significa observar cambios en la conducta y en el contexto que pueden indicar que una situación está aumentando en tensión o requiere mayor atención.
Julio Pereiro
8/17/2026


La comunicación no verbal puede aportar información relevante porque las personas modificamos nuestra postura, distancia interpersonal, orientación corporal, movimientos y forma de interactuar cuando cambia la situación en la que nos encontramos. Sin embargo, ninguna de estas conductas tiene un significado único. Para interpretarlas resulta fundamental considerar el contexto, el comportamiento habitual de la persona y la combinación de diferentes indicadores.
Por eso, la prevención no consiste en aprender una lista de señales que permitan identificar a un agresor. Consiste en desarrollar una observación más precisa: reconocer cambios, comparar situaciones, evitar conclusiones apresuradas y utilizar esa información para tomar decisiones prudentes cuando el contexto lo justifica.
Uno de los cambios que merece atención es la modificación repentina de la conducta habitual. Una persona que comienza a reducir de manera marcada la distancia interpersonal, cambia repetidamente su orientación corporal, aumenta sus movimientos o modifica de forma abrupta su manera de interactuar puede estar reaccionando a una situación que se ha vuelto más tensa. Ninguna de estas conductas demuestra por sí sola una intención agresiva; su valor depende de cuándo aparecen, cómo evolucionan y qué ocurre alrededor.
Señales que pueden indicar un aumento de tensión
Ante una situación percibida como amenazante o conflictiva, pueden producirse cambios fisiológicos y conductuales relacionados con la activación. La tensión muscular, las modificaciones en la respiración, los cambios en la orientación de la atención o una mayor preparación para el movimiento pueden formar parte de esa respuesta. Pero es importante recordar que la activación no equivale a agresividad: también puede aparecer ante miedo, ansiedad, dolor, estrés o incertidumbre.


La mirada merece una consideración similar. Cambios en la dirección de la atención, una exploración más frecuente del entorno o una fijación visual prolongada pueden ser relevantes dentro de una situación concreta, pero no tienen un significado universal. Una persona puede mirar repetidamente hacia una salida porque busca una vía de escape, porque espera a alguien o simplemente porque está orientándose en el espacio. Interpretar una conducta sin considerar esas posibilidades aumenta el riesgo de equivocarse.
Cuando aumenta la activación: qué puede cambiar en la conducta
Hablar de anticipación puede resultar atractivo, pero también puede generar una expectativa equivocada. La comunicación no verbal no permite predecir con certeza que una persona va a ejercer violencia. Lo que sí puede hacer es aportar información adicional para evaluar una situación cuando se combina con el contexto, la evolución de la interacción y otros indicadores observables. La investigación sobre conducta sospechosa, por ejemplo, ha encontrado resultados más consistentes cuando se consideran conjuntos de comportamientos y una línea de base, en lugar de buscar una única señal característica.
Esta capacidad tampoco depende de aprender de memoria un catálogo de gestos. Requiere entrenar la observación para detectar cambios, reconocer patrones y distinguir entre lo que realmente se observa y la interpretación que hacemos de ello. En ámbitos profesionales, ese entrenamiento puede incluir situaciones simuladas, análisis de registros audiovisuales y ejercicios orientados a comparar comportamientos en diferentes contextos.
En contextos civiles y profesionales, esta forma de observación puede resultar especialmente útil para:
personal de seguridad y prevención;
equipos que trabajan en atención al público;
profesionales que intervienen en situaciones de conflicto;
personas que necesitan desenvolverse en espacios públicos prestando atención a su entorno.
Anticipar no es adivinar: entrenar la observación
Por eso, una buena observación comienza con preguntas sencillas: ¿qué cambió?, ¿cuándo cambió?, ¿qué estaba ocurriendo en ese momento?, ¿la conducta es nueva para esa persona?, ¿aparecen varios indicadores al mismo tiempo?, ¿la situación continúa escalando o vuelve a estabilizarse? Estas preguntas ayudan a evitar una de las principales dificultades de la interpretación no verbal: confundir una conducta observable con una explicación sobre la intención de quien la realiza.


También es importante recordar que nuestra propia percepción puede equivocarse. Una persona nerviosa no necesariamente es peligrosa; alguien que evita el contacto visual no necesariamente intenta ocultar algo; una postura rígida no demuestra hostilidad. Incluso observadores entrenados pueden interpretar de manera diferente una misma situación. Por eso, la información no verbal debe utilizarse para formular hipótesis y orientar la atención, no para emitir diagnósticos instantáneos sobre otras personas.
La prevención tampoco exige enfrentarse a una situación potencialmente conflictiva. Muchas veces, la respuesta más adecuada consiste simplemente en aumentar la distancia, modificar la propia ubicación, buscar un espacio con mayor presencia de personas, solicitar asistencia o abandonar una situación que se percibe como insegura. La utilidad de la observación no está en demostrar que nuestra interpretación era correcta, sino en ayudarnos a tomar decisiones prudentes cuando existen suficientes motivos para hacerlo.
También pueden resultar relevantes los cambios en la organización del movimiento. Alteraciones en la trayectoria, desplazamientos poco habituales, atención insistente hacia determinadas personas u objetos o modificaciones repentinas en la manera de ocupar el espacio pueden aportar información sobre lo que está ocurriendo. La investigación sobre comportamiento sospechoso ha mostrado que, en determinados contextos, los patrones generales de movimiento pueden resultar más informativos que una señal no verbal aislada.
La distancia interpersonal también puede aportar información cuando cambia de manera abrupta o innecesaria. Sin embargo, no alcanza con observar que alguien se acerca. Es necesario considerar la velocidad y dirección del desplazamiento, la configuración del espacio, la interacción que se está produciendo y otros cambios simultáneos en la conducta. Del mismo modo, modificaciones en la respiración, movimientos repetitivos o tensión corporal pueden indicar activación, pero no permiten determinar por sí mismas cuál es su causa.
La percepción como herramienta de prevención
Fuentes consultadas
Johnson, R. (2015). Perceptions of interpersonal social cues predictive of violence among police officers who have been assaulted. Journal of Police and Criminal Psychology, 30, pp. 87-93.
Pereiro, J. (2021). La percepción del comportamiento delictivo agresivo. Aportes desde la comunicación no verbal. Question,3,(70).
Por eso, más que buscar "la mirada agresiva" o "la postura de ataque", resulta más útil observar qué cambia y cómo cambia. Una modificación repentina respecto del comportamiento anterior puede aportar más información que una característica corporal que la persona presenta habitualmente.
Nuestra capacidad para detectar cambios relevantes en el comportamiento puede ser útil para la prevención, pero funciona mejor cuando se utiliza como parte de una evaluación más amplia. Observar no significa sospechar de todo el mundo ni convertir cada conducta inusual en una amenaza. Significa prestar atención a aquello que cambia de manera significativa dentro de una situación concreta.
En este sentido, la CNV puede formar parte de una estrategia de conciencia situacional. No ofrece un detector infalible de violencia, pero puede ayudarnos a prestar atención a cambios que de otro modo pasarían inadvertidos. Su valor preventivo aparece cuando esa información se integra con el entorno, la conducta observable y la evolución de la situación.
Koller, C.,Wetter, O. yHofer, F. (2015). What is suspicious when trying to be inconspicuous? Criminal intentions inferred from nonverbal behavioral cues. Perception, 44(6), pp. 679-708.



